Arte y diversidad: una válvula de escape

Autores, actores e intérpretes, por una parte, y el público por la otra, son los protagonistas de las artes escénicas que viven y comparten cada día en el Teatro NESCAFÉ de las Artes.

La respuesta del público nos dice que en Chile existe una necesidad imperiosa y permanente de todas las manifestaciones estéticas y culturales escénicas.

¿Qué vienen a hacer aquí tantas gentes tan diversas cotidianamente? Aquí se juegan por entero, cada día, el cuerpo, el gesto, la voz, el espacio, el tiempo escénico, la melodía, la armonía, y el ritmo, los silencios, la sonoridad. Con respeto, entrega y pasión.

Todo es una expresión cultural que busca crear una experiencia estética como un canal para las emociones, sentimientos, estados de ánimo, evocar momentos, anticipar visiones, recrear historias, mostrar puntos de vista no usuales, sorprender con una mirada extraordinaria sobre algo cotidiano.

Estamos sorprendidos, cada día más, porque lo que ofrecemos en cada jornada es algo diferente. Podemos pasar de un concierto de rock al ballet “La Cenicienta”, o a la transmisión de una obra de teatro desde Londres. De la Misa Flamenca a un musical sobre los 80’s, o a un espectáculo de humor.

La diversidad que ofrece cada día este Teatro es una válvula de escape, y la respuesta del público nos dice que en Chile, a pesar de las tensiones cotidianas, de los múltiples problemas que todos tenemos por resolver, del tráfico, la contaminación, la congestión, el frío, la falta de lluvia o el exceso de ella, de las noticias que nos abruman y del ruido que nos ensordece, existe una necesidad imperiosa y permanente de todas las manifestaciones estéticas y culturales escénicas.

Algo convoca a la gente a encontrarse con una obra o un espectáculo que alimente el espíritu y que nos permita renovarnos.

Quizás lo más extraordinario es que no vienen al Teatro todos los días las mismas personas. La diversidad no es sólo una característica de la programación, sino también del público. Cada cual tiene sus preferencias, sus gustos, sus curiosidades. Un día son los jóvenes que llenan las 979 butacas para un recital de música popular. Otro día adultos amantes de la ópera. Y quizás ese mismo día, horas antes, cientos de niños disfrutaron de una función de teatro escolar.

Y la gente sigue llegando. Nueva gente para nuevos espectáculos, que nos van diciendo que sigamos, que hace falta aún más, que el espíritu necesita alimentarse de más música, danza, teatro, cine, circo y todas las artes escénicas para desprendernos de las tensiones y no morir de falta de amor, contaminación y empobrecimiento del alma.

Alfredo Saint-Jean Domic

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